miércoles, 27 de octubre de 2021

Sueño de Salomón en Gabaón (Ejercicio 3)

 El Sueño de Gabaón

1 R. 3, 4-15

Lee atentamente la cita y luego responde las siguientes preguntas: 

  1.     Los tres momentos de la oración de salomón

 

1.  Lee el versículo 6, ¿Qué nombre le pondrías a esta actitud de Salomón frente a Dios?

Fíjate bien en lo que dice y cómo lo dice, es decir, las palabras que utiliza.

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2.  Lee el versículos 7, ¿Qué es lo que hace Salomón? ¿Qué nombre le pondrías a esta

actitud?

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3.  Lee el versículo 9, ¿Qué crees que signifique esta petición de Salomón?

¿Qué le pedirías tu a Dios?

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Parabola de la oveja buscada y encontrada

Parábola de la oveja buscada y encontrada

Lc 15, 1-31


Esta preciosa y muy conocida parábola representa en una imagen la misión redentora del Maestro. La parábola es narrada por Jesús ante un público claramente dividido. De una lado están los publicanos y los pecadores públicos, quienes escuchan a Jesús con alegría. De otro lado,  están los fariseos y los maestros de la ley presentados por Lucas como contradictores y críticos de Jesús por que acoge a los pecadores. 


Así es como Lucas nos hace imaginar el auditorio dividido en dos espacios: en primer plano, están los pecadores, ellos están muy cerca de Jesús, lo rodean, están con los ojos fijos en Él y desean ardientemente escuchar sus palabras. Son admiradores (en el sentido pleno de la expresión) de Jesús y escuchan la voz del maestro. Pero este auditorio tiene unas características que no hacen quedar bien al maestro ante el resto de la sociedad: se trata de aquellos que por su condición de vida eran reconocidos como pecadores públicos: prostitutas, ladrones, usureros, etc. y de los publicanos que eran los cobradores de impuestos para Roma por lo cual eran odiados por la comunidad judía.  


En segundo plano están los fariseos y maestros de la ley, ubicados allí porque según narra Lucas se paran desde lejos para criticar a Jesús, solo alcanzan a ver lo que Jesús hace desde sus prejuicios, desde su mirada sesgada de la realidad, lo cual los distancia de la voz de Jesús y por eso escuchan con dificultad lo que Jesús enseña. Aquí esta el contraste: los pecadores se acercan para escuchar a Jesús, los maestros y fariseo solo ven lo que hace sin escucharlo y se escandalizan de sus actos. Sin embargo, en un giro literario, Lucas nos cuenta que la parábola llega a sus oídos “les decía esta parábola”. Con esta indicación, Lucas nos cuenta cómo Jesús une a todo el auditorio, como si dijera: !atención porque lo que voy a decir tiene que ver con todos ustedes! 


En este primer momento del relato el evangelista nos pregunta primero si queremos escuchar a Jesús o simplemente verlo de lejos, es decir, si nuestra actitud es la del pecador que se siente cerca de Jesús para no perderse ni una sola palabra, o si, al contrario, solo nos interesa ver superficialmente lo que Jesús hace para hacernos una idea de sus actos. Con ello el relato nos obliga a tomar partido dentro del relato.  


Es por ello, que te invito a que nos detengamos en cada una de las palabras de Jesús. Para ello te invito a que leas una vez más el texto sin perderte de una sola coma para que, al meditar, la palabra nos hable con más claridad. 


Un pastor busca su oveja: 


“¿Quién de ustedes que, teniendo…”


“Tener”. El pastor posee un rebaño de cien ovejas. Lo primero que pone de realce la parábola es la pertenencia de las ovejas: no se trata de un asalariado (Jn, 12, 13), es el dueño. (Jn 10, 27). Dios como creador de la humanidad tiene unos hijos, le pertenecemos a Él: “somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño” (Salmo 99)    


“Si pierde una de ellas” 


Perder”. Se trata del pastor que al final del día hace el recuento de sus ovejas y descubre que el número está incompleto. El hombre que se pierde a causa de su pecado. Pero, ¿qué significa perderse? Distraerse, quedarse en el camino, dejar de escuchar el silbido del pastor. ¿Sabes en qué momento te perdiste? ¿Reconoces el momento preciso donde te alejaste del Pastor? 


“No deja las noventa y nueve en el desierto”


Un escucha atento a la pregunta no podría menos que reírse ante tal locura del pastor, quien se olvida de la elemental precaución dejando el rebaño desatendido en pleno desierto (donde se pueden perder todas) en cuanto se precipita en la búsqueda de la oveja perdida. Pero al narrador le parece normal que eso se haga: “¿Quién de vosotros no haría esto?”, dijo Jesús al comenzar la parábola. Hay un énfasis muy especial en el lugar en el cual el pastor deja las 99: en el desierto. 


“Buscar”.


El verbo es el centro de la intención narrativa de Jesús. El pastor busca. La parábola no es solo de la oveja perdida sino del pastor que la busca. Los pecadores que están frente de Jesús se dan cuenta que él es el pastor y ellos la oveja perdida, más aún, que lo importante no es que ellos hayan estado o que aún estén perdidos sino que el pastor las busca. Lo urgente no es tanto señalar que el pecador está perdido como afirmar que el pastor lo busca. El verbo buscar se convierte así en un motivo de la misión de Jesús: él es el eterno buscador del perdido.  


“Cuidadosamente hasta que la encuentra” 


Son dos cualidades de la búsqueda del Pastor. Por una parte, se trata de una búsqueda cuidadosa, no distraída ni desilusionada, la búsqueda es cuidadosa. Por otra parte la búsqueda es incansable: hasta que la encuentra, indica la temporalidad de la búsqueda del Pastor. Podríamos preguntarle al pastor: ¿Cuánto tiempo buscaste la oveja? ¿Un día, dos, un año, toda la vida? Al pastor no le interesa contar cuanto se demoro, cuánto tiempo perdió, cuanta fuerza invirtió solo le interesa buscar con “santa obstinación” hasta que encuentre lo que ha perdido. No hay descanso. La búsqueda es eterna como eterno es el amor del resucitado. 


Pero hay un detalle que el relato no nos cuenta pero que podemos imaginar: el pastor sale a buscar la oveja y deshace el camino que ha hecho durante el día, silva, llama, pregunta a los campesinos que se encuentra en el camino… pero ¿y la oveja? ¿Qué puede hacer ella para ser encontrada? ¿se habrá dado cuenta de su extravío? ¿te has dado cuenta de tu extravío? Y la oveja, ¿hace algo para ser encontrada? Sí la oveja bala, ese será su signo para el pastor. ¿Sabes como se llama tu signo para el pastor?: se llama Clamor. Tu clamor es la señal, tu oración ferviente y verdadera es el gesto que el pastor siempre comprenderá y vendrá en tu ayuda. 


Ora conmigo: 


Señor Jesús, estoy hundido en mi pecado y en mis miedos. No conozco el camino para volver a ti por que y aun no distingo tu voz. Por eso te pido: ven a salvarme. 


“Cuando la encuentra se la pone sobre los hombros”. El pastor vuelve a casa feliz y triunfante. El trato de la oveja encontrada es tierno, el pastor que carga a la oveja y la ayuda en su situación nos recuerda Isaías 40,11: “Como pastor pastorea su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas”.

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“Convoca a sus amigos”


El pastor organiza una reunión festiva, está lleno de alegría por el éxito de su búsqueda. Una alegría de estas no se vive sólo, se comparte con los amigos. La aplicación de la parábola Aplicando la parábola a la acción de Dios, podemos reconocer en el celo del Pastor la realización de la profecía de Ezequiel: “Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas” (34,12); y también el anuncio de la misión del Mesías: “Yo suscitaré para ponérselo al frente un solo pastor que las apacentará y será su pastor” (34,23-24). Pero la insistencia de Jesús está en la descripción de la alegría de Dios por el pecador que se convierte: “Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por uno solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión” (15,7).


“Habrá más alegría en el cielo” 


El motivo de la fiesta del cielo es la conversión de un sólo pecador (uno que ha obedecido al llamado de Jesús en 5,32). En contraste con el pensamiento fariseo -que recordamos por un dicho rabínico que habla de la alegría de Dios por la caída de los malos (ver: t. Sanh. 14:10)- Jesús invita a descubrir que la felicidad de Dios es precisamente lo contrario: su salvación. Jesús habla de “más alegría”: el cielo multiplica la alegría. Uno se siente muy contento cuando se reconcilia con Dios, pero la alegría que Dios siente por este mismo acontecimiento es mayor. No quiere decir que Dios no esté contento con los que están sanos y salvos -los “noventa y nueve justos que no necesitan conversión”, sino que su alegría por el pecador que se ha dejado encontrar por el amor misericordioso es superior.


Andrés Saldarriaga R.


miércoles, 13 de octubre de 2021

Parábola de la oveja perdida (Lucas 15, 1-3) Ejercicio 2

Lee atentamente la parabola en su contexto y luego llena la siguiente tabla:

 

Ejercicio de Lectio Divina 2

 

1.  Leer Lucas 15, 1-3

Personajes

Verbos

 

*

*

*

 

 

Leer Lucas 15, 4-7

 

Personajes

 

 

 

 

 

 

 

Verbos en la Parábola

Verbos (realizados por Jesus) 


 

  Lugares

 

 

Sentimientos

 

 

 

 

 

Hora (tiempo)

Reacciones

 

 


sábado, 2 de octubre de 2021

Sanación del Ciego de Betsaida (Mc 8, 22-26) Lectio Divina

 


Sanación del Ciego de Betsaida

Marcos 8, 22-26

Lectio Divina


Contexto:

 

Jesús acaba de reprender a sus discípulos señalando de manera muy enfática su ceguera porque “aún no comprenden ni entienden”, “tienen la mente embotada” y “teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen”. (8, 17-18)  Jesús les reprocha su falta de inteligencia para descubrir el sentido del signo del pan: Él es el Pastor que alimenta al pueblo, y el Pan de Vida que todos deben comer (Jn 6, 53). 


Ahora bien, en estos versículos, la escena parece en principio un cambio de tema, como si Jesús, los discípulos y el evangelista Marcos, quisieran darle vuelta a la página después de tan acalorado llamado de atención. Pero, el autor, lejos de querer cambiar el tema, enfatiza en él. Marcos quiere recalcar el llamado de atención, ahora con una imagen que sin duda los discípulos jamás van a olvidar: les habla de un ciego al que Jesús sana, como si les dijera: ¡si ustedes están ciegos miren como Jesús los sana de sus ceguera Jesús e a!”: “Se trata de la comprensión plena de la fe, que los discípulos recibirán como un regalo que obtendrán siguiendo al Señor y venciendo las dificultades con su ayuda” (Lentzen-Deis 1998 p. 254)

 

Desde allí tenemos una importante clave de lectura para esta perícopa: Marcos nos está mostrando a un ciego cuyo proceso de curación se parece mucho al camino que han recorrido y habrán de seguir los discípulos de Jesús. Así, podríamos concluir que este relato nos va a ilustrar cómo es el encuentro de un hombre con Jesús y cómo es que este hombre lo llega a descubrir y a reconocer verdaderamente como el Maestro, el Mesías, el Hijo de Dios. 



El ciego es, entonces, imagen o representación de todo aquel que se acerca a Jesús o, como lo veremos más adelante, de quién es llevado a Jesús, para ser sanado.  Solo un discípulo atento podrá comprender el mensaje que Jesús da a través de este gesto.  


A los paganos de Decápolis les faltaba la apertura a la palabra (d.7,31-37). A los discípulos que siguen a Jesús les falta entendimiento (ojos para ver, oídos para escuchar...).Como signo de la necesidad de abrir los ojos, se introduce este relato. El ciego es ahora representante de todos los discípulos (y todos los judíos). (Pikaza p. 108) 


Leyendo atentamente...

 

Llegan: El verbo está en tiempo presente, un tiempo verbal usado frecuentemente por Marcos. (¿una forma de incluir al lector en la escena?) Los que llegan son: Jesús y sus discípulos que arriban en Betsaida después de aquel viaje en donde queda al descubierto la no comprensión de los discípulos de quien es Jesús.


Betsaida:   Betsaida significa casa de la pesca. (Quizás podemos “volar” un poco con el significado de esta palabra y afirmar que Betsaida es un recuerdo del lugar donde Jesús llama. Y si esto fuera posible veríamos desde esta altura la escena narrada por el primer capítulo de Marcos (16-20), el llamado de Jesús a sus primeros discípulos…)


Betsaida se encontraba en la orilla norte del lago de Galilea, a la izquierda de la desembocadura del Jordán. El pueblo fue el lugar de nacimiento de Simón Pedro, Andrés y Felipe (Jn. 1,44; 12,21). Jesús hizo milagros allí; sin embargo, no obtuvo al final la respuesta de la fe en sus habitantes (Mt 11,20-24; Le 10,13-15). (Lentzen-Deis 1998 p. 255) 


Le presentan, no se nos dice quién, solo sabemos que el ciego es traído a Jesús. Imaginen la escena: un grupo de personas, quizá su familia, amigos, conocidos o algunos que lo vieron por ahí, lo llevan ante Jesús. No sabemos si el ciego quería estar allí, no sabemos si sabía lo que iba a pasar, no se nos dice que el ciego quisiera ser sanado, solo se nos cuenta que algunos lo presentan a Jesús y además de ello le suplican, esto es, hablan por él, piden a Jesús algo por él.

Algo muy parecido a esto es lo que sucede con el hombre o la mujer que se encuentran con Jesús; pocas veces Jesús se nos presenta sin que alguien nos haya hablado antes de Él. La mayoría de los encuentros con Jesús dependen de un “Juan Bautista” que nos señala al “cordero de Dios “, de un Andrés (cfr Jn 1, 36-42) o de alguien que ora por nosotros, que nos lleva a un encuentro, retiro etc.


Le suplican que le toque, el verbo, la acción que piden de Jesús es simple pero profunda. Llama la atención que quienes lo presentan no le piden de inmediato que lo sane. Quienes lo llevan ante Jesús le piden que lo toque. Seguramente quienes lo llevan creen en aquella fuerza misteriosa que emana del Jesús taumaturgo y por eso quieren que lo toque. Sin embargo, los invito a pensar en lo que significa tocar: tocar es acercarse, es entrar en el espacio del otro, es untarse del otro, y en definitiva tocar es establecer una relación con el otro. De esta manera lo que piden para el ciego es que Jesús lo tenga en cuenta y se acerque, que se relacione con él.


Tomando el ciego de la mano. Jesús no solo lo toca sino que lo hace caminar con él. Imaginen la escena. Jesús agarra al ciego, lo conduce entre la misma gente que lo ha llevado, sus discípulos no saben nada de lo que pasa y el ciego menos. El ciego mismo va preguntándose: ¿A dónde vamos? Pero Jesús no dice nada. ¡Qué difícil es dejarse llevar por el Jesús del silencio! Por aquel Jesús que conduce al discípulo en medio de incertidumbres y cosas por descubrir pero sin decir mucho de lo que ha de suceder, sin revelar mucho de su identidad y sin dar mayores explicaciones: es una etapa del discipulado simple pero necesaria, en ella el discípulo simplemente camina y Jesús lo lleva fuera del pueblo. ¿Por qué? Quizá por que Jesús necesita probar su docilidad a la mano de Dios. 


Lo llevó fuera de la población:  “Jesús aparta al sordomudo de la multitud, aquí separa al ciego de todas las dependencias de la familia o de otras que pudieran dominarlo, preocupándose con mucha atención de él”


Habiéndole puesto saliva. ¿Entienden ustedes este gesto? Jesús le da algo de sí mismo para sanarlo. Es lo que hace Jesús como maestro. Es un acto de mucha confianza. La saliva es una aplicación física del poder que dimana del cuerpo de Jesús. La saliva es signo de la vida por su relación con la sangre 


“La saliva tenía fuerza para curar y para expulsar al demonio de la enfermedad. En el judaísmo rabínico se la apreció como medio curativo especial contra las enfermedades oculares. Mientras que allí el tacto con saliva se unía a la recitación de frases mágicas, Jesús coloca las manos sobre el enfermo. El conocido rito de la saliva indica al enfermo que recibirá ayuda. Mediante la imposición de las manos, afluye sobre él la fuerza curativa” (Gnilka p. 350)


Le preguntaba: ¿Ves algo? ¿Por qué Jesús pregunta si ve algo? ¿Acaso desconfió de su poder? Se trata del examen del maestro. Jesús constantemente les está preguntando a sus discípulos si están comprendiendo. Sus enseñanzas tienen sentido en la medida en que los discípulos entiendan. Pero no se trata solo de un acto intelectual, como el hecho de saberse la lección la pregunta por el ver va más por la línea de asegurar que lo que está aprendiendo de la persona de Jesús es correcto, es decir, que la imagen de Jesús está quedando clara, o que por lo menos está viendo algo.

 

Veo a los hombres pero… ¿Qué podrá significar la visión borrosa de este hombre aun después de que Jesús lo intentó sanar? El discípulo no siempre reconoce a Jesús, no siempre lo conoce bien, hay momentos en que tenemos visión borrosa.

Le volvió a poner las manos ¿Qué crees que signifique el hecho de que Jesús vuelva a ponerle las manos? ¿Si tú fueras Jesús lo hubieras hecho? ¿Si tú fueras el ciego dejarías que te vuelva a tocar? Pero el maestro se ocupa del discípulo sin miedo, sin vergüenza de los pequeños fracasos. El maestro sabe que los procesos son difíciles y por eso lo vuelve a intentar.


Resulta curioso el cuidado de Jesús que, lleno de paciencia, comienza imponiendo las manos, pregunta, escucha y vuelve a utilizar de nuevo sus poderes curativos, hasta que el ciego puede ver con perfección las cosas. (Pikaza p. 108)


Comenzó a ver perfectamente y quedó curado…  El éxito de la curación se confirma con tres verbos diferentes.  Recobró la vista, quedó curado y veía todo perfectamente ¿Por qué crees que en esta segunda vez el ciego si puede ver claramente? Es el resultado de un proceso… hasta aquí llegan los discípulos es el ideal.


Y le envió a su casa, diciéndole… Jesús ordena al ciego no entrar en el pueblo de nuevo ¿Por qué? (Lee Mc 8, 15)  es decir, no vuelvas a ser el de antes. Antes estabas en el pueblo y yo te saqué de allí. No vuelvas allá. No vuelvas a la multitud. 


El ciego ha sido sanado y en esta escena el discípulo puede reanimar su esperanza de ser sanado de su incapacidad de reconocer a Jesús y de seguirlo con clarividencia a pesar de que su sanación, es decir, la sanación del corazón, la inteligencia y la voluntad del discípulo sea una tarea que precise de más de una imposición de manos, al igual que la del ciego,  


La laboriosa sanación termina con un envío, pero este envío no es un encargo misionero, sino un mandato para ir directamente a casa, o sea, al lugar donde Jesús instruye a sus discípulos, evitando entrar en la aldea (Mc 8, 26) En la escena siguiente, después de la confesión de Pedro, Jesús les increpa para que no hable a nadie acerca de él (Mc 8, 27-30). Su ceguera permanece. (Guijarro, 2015, p. 94)

 

 

Andrés Saldarriaga R. 

EBC Yeshu’a 

Mayo/29/2018

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Bibliografia



Gnilka, J. (1999), El evangelio según san Marcos Mc 1 1 - 8, 26, Ediciones sígueme, salamanca. España.    

Guijarro S (2015) El camino del discípulo. Ediciones Sígueme: Salamanca

Lentzen-Deis F (1998). Comentario al evangelio de Marcos, Modelo de nueva evangelización. Verbo Divino: Navarra España