jueves, 4 de noviembre de 2021

Eliseo y la viuda pobre (Ejercicio 3)

 Eliseo y la viuda pobre (Ejercicio 3)

2. Reyes 4, 1-7


Lee atentamente el texto y luego responde las siguientes preguntas.

 

1. Si se muere tu esposo o esposa y tienes necesidades. ¿A quién acudirías? 


2. Elías le responde con cierta apatía a la viuda  ¿Qué puedo hacer por ti? Y luego le dice: ¿Qué tienes en casa?. ¿Qué opinas de esta actitud del profeta? 


3. ¿Qué crees que signifique el aceite de la mujer? 


4. ¿Cuál es el papel que tienen en el relato las vecinas? 


5. ¿Por qué la mujer debe encerrarse con sus hijos para que el aceite se multiplique?  

miércoles, 27 de octubre de 2021

Sueño de Salomón en Gabaón (Ejercicio 3)

 El Sueño de Gabaón

1 R. 3, 4-15

Lee atentamente la cita y luego responde las siguientes preguntas: 

  1.     Los tres momentos de la oración de salomón

 

1.  Lee el versículo 6, ¿Qué nombre le pondrías a esta actitud de Salomón frente a Dios?

Fíjate bien en lo que dice y cómo lo dice, es decir, las palabras que utiliza.

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2.  Lee el versículos 7, ¿Qué es lo que hace Salomón? ¿Qué nombre le pondrías a esta

actitud?

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3.  Lee el versículo 9, ¿Qué crees que signifique esta petición de Salomón?

¿Qué le pedirías tu a Dios?

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Parabola de la oveja buscada y encontrada

Parábola de la oveja buscada y encontrada

Lc 15, 1-31


Esta preciosa y muy conocida parábola representa en una imagen la misión redentora del Maestro. La parábola es narrada por Jesús ante un público claramente dividido. De una lado están los publicanos y los pecadores públicos, quienes escuchan a Jesús con alegría. De otro lado,  están los fariseos y los maestros de la ley presentados por Lucas como contradictores y críticos de Jesús por que acoge a los pecadores. 


Así es como Lucas nos hace imaginar el auditorio dividido en dos espacios: en primer plano, están los pecadores, ellos están muy cerca de Jesús, lo rodean, están con los ojos fijos en Él y desean ardientemente escuchar sus palabras. Son admiradores (en el sentido pleno de la expresión) de Jesús y escuchan la voz del maestro. Pero este auditorio tiene unas características que no hacen quedar bien al maestro ante el resto de la sociedad: se trata de aquellos que por su condición de vida eran reconocidos como pecadores públicos: prostitutas, ladrones, usureros, etc. y de los publicanos que eran los cobradores de impuestos para Roma por lo cual eran odiados por la comunidad judía.  


En segundo plano están los fariseos y maestros de la ley, ubicados allí porque según narra Lucas se paran desde lejos para criticar a Jesús, solo alcanzan a ver lo que Jesús hace desde sus prejuicios, desde su mirada sesgada de la realidad, lo cual los distancia de la voz de Jesús y por eso escuchan con dificultad lo que Jesús enseña. Aquí esta el contraste: los pecadores se acercan para escuchar a Jesús, los maestros y fariseo solo ven lo que hace sin escucharlo y se escandalizan de sus actos. Sin embargo, en un giro literario, Lucas nos cuenta que la parábola llega a sus oídos “les decía esta parábola”. Con esta indicación, Lucas nos cuenta cómo Jesús une a todo el auditorio, como si dijera: !atención porque lo que voy a decir tiene que ver con todos ustedes! 


En este primer momento del relato el evangelista nos pregunta primero si queremos escuchar a Jesús o simplemente verlo de lejos, es decir, si nuestra actitud es la del pecador que se siente cerca de Jesús para no perderse ni una sola palabra, o si, al contrario, solo nos interesa ver superficialmente lo que Jesús hace para hacernos una idea de sus actos. Con ello el relato nos obliga a tomar partido dentro del relato.  


Es por ello, que te invito a que nos detengamos en cada una de las palabras de Jesús. Para ello te invito a que leas una vez más el texto sin perderte de una sola coma para que, al meditar, la palabra nos hable con más claridad. 


Un pastor busca su oveja: 


“¿Quién de ustedes que, teniendo…”


“Tener”. El pastor posee un rebaño de cien ovejas. Lo primero que pone de realce la parábola es la pertenencia de las ovejas: no se trata de un asalariado (Jn, 12, 13), es el dueño. (Jn 10, 27). Dios como creador de la humanidad tiene unos hijos, le pertenecemos a Él: “somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño” (Salmo 99)    


“Si pierde una de ellas” 


Perder”. Se trata del pastor que al final del día hace el recuento de sus ovejas y descubre que el número está incompleto. El hombre que se pierde a causa de su pecado. Pero, ¿qué significa perderse? Distraerse, quedarse en el camino, dejar de escuchar el silbido del pastor. ¿Sabes en qué momento te perdiste? ¿Reconoces el momento preciso donde te alejaste del Pastor? 


“No deja las noventa y nueve en el desierto”


Un escucha atento a la pregunta no podría menos que reírse ante tal locura del pastor, quien se olvida de la elemental precaución dejando el rebaño desatendido en pleno desierto (donde se pueden perder todas) en cuanto se precipita en la búsqueda de la oveja perdida. Pero al narrador le parece normal que eso se haga: “¿Quién de vosotros no haría esto?”, dijo Jesús al comenzar la parábola. Hay un énfasis muy especial en el lugar en el cual el pastor deja las 99: en el desierto. 


“Buscar”.


El verbo es el centro de la intención narrativa de Jesús. El pastor busca. La parábola no es solo de la oveja perdida sino del pastor que la busca. Los pecadores que están frente de Jesús se dan cuenta que él es el pastor y ellos la oveja perdida, más aún, que lo importante no es que ellos hayan estado o que aún estén perdidos sino que el pastor las busca. Lo urgente no es tanto señalar que el pecador está perdido como afirmar que el pastor lo busca. El verbo buscar se convierte así en un motivo de la misión de Jesús: él es el eterno buscador del perdido.  


“Cuidadosamente hasta que la encuentra” 


Son dos cualidades de la búsqueda del Pastor. Por una parte, se trata de una búsqueda cuidadosa, no distraída ni desilusionada, la búsqueda es cuidadosa. Por otra parte la búsqueda es incansable: hasta que la encuentra, indica la temporalidad de la búsqueda del Pastor. Podríamos preguntarle al pastor: ¿Cuánto tiempo buscaste la oveja? ¿Un día, dos, un año, toda la vida? Al pastor no le interesa contar cuanto se demoro, cuánto tiempo perdió, cuanta fuerza invirtió solo le interesa buscar con “santa obstinación” hasta que encuentre lo que ha perdido. No hay descanso. La búsqueda es eterna como eterno es el amor del resucitado. 


Pero hay un detalle que el relato no nos cuenta pero que podemos imaginar: el pastor sale a buscar la oveja y deshace el camino que ha hecho durante el día, silva, llama, pregunta a los campesinos que se encuentra en el camino… pero ¿y la oveja? ¿Qué puede hacer ella para ser encontrada? ¿se habrá dado cuenta de su extravío? ¿te has dado cuenta de tu extravío? Y la oveja, ¿hace algo para ser encontrada? Sí la oveja bala, ese será su signo para el pastor. ¿Sabes como se llama tu signo para el pastor?: se llama Clamor. Tu clamor es la señal, tu oración ferviente y verdadera es el gesto que el pastor siempre comprenderá y vendrá en tu ayuda. 


Ora conmigo: 


Señor Jesús, estoy hundido en mi pecado y en mis miedos. No conozco el camino para volver a ti por que y aun no distingo tu voz. Por eso te pido: ven a salvarme. 


“Cuando la encuentra se la pone sobre los hombros”. El pastor vuelve a casa feliz y triunfante. El trato de la oveja encontrada es tierno, el pastor que carga a la oveja y la ayuda en su situación nos recuerda Isaías 40,11: “Como pastor pastorea su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas”.

·      

“Convoca a sus amigos”


El pastor organiza una reunión festiva, está lleno de alegría por el éxito de su búsqueda. Una alegría de estas no se vive sólo, se comparte con los amigos. La aplicación de la parábola Aplicando la parábola a la acción de Dios, podemos reconocer en el celo del Pastor la realización de la profecía de Ezequiel: “Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas” (34,12); y también el anuncio de la misión del Mesías: “Yo suscitaré para ponérselo al frente un solo pastor que las apacentará y será su pastor” (34,23-24). Pero la insistencia de Jesús está en la descripción de la alegría de Dios por el pecador que se convierte: “Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por uno solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión” (15,7).


“Habrá más alegría en el cielo” 


El motivo de la fiesta del cielo es la conversión de un sólo pecador (uno que ha obedecido al llamado de Jesús en 5,32). En contraste con el pensamiento fariseo -que recordamos por un dicho rabínico que habla de la alegría de Dios por la caída de los malos (ver: t. Sanh. 14:10)- Jesús invita a descubrir que la felicidad de Dios es precisamente lo contrario: su salvación. Jesús habla de “más alegría”: el cielo multiplica la alegría. Uno se siente muy contento cuando se reconcilia con Dios, pero la alegría que Dios siente por este mismo acontecimiento es mayor. No quiere decir que Dios no esté contento con los que están sanos y salvos -los “noventa y nueve justos que no necesitan conversión”, sino que su alegría por el pecador que se ha dejado encontrar por el amor misericordioso es superior.


Andrés Saldarriaga R.


miércoles, 13 de octubre de 2021

Parábola de la oveja perdida (Lucas 15, 1-3) Ejercicio 2

Lee atentamente la parabola en su contexto y luego llena la siguiente tabla:

 

Ejercicio de Lectio Divina 2

 

1.  Leer Lucas 15, 1-3

Personajes

Verbos

 

*

*

*

 

 

Leer Lucas 15, 4-7

 

Personajes

 

 

 

 

 

 

 

Verbos en la Parábola

Verbos (realizados por Jesus) 


 

  Lugares

 

 

Sentimientos

 

 

 

 

 

Hora (tiempo)

Reacciones

 

 


sábado, 2 de octubre de 2021

Sanación del Ciego de Betsaida (Mc 8, 22-26) Lectio Divina

 


Sanación del Ciego de Betsaida

Marcos 8, 22-26

Lectio Divina


Contexto:

 

Jesús acaba de reprender a sus discípulos señalando de manera muy enfática su ceguera porque “aún no comprenden ni entienden”, “tienen la mente embotada” y “teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen”. (8, 17-18)  Jesús les reprocha su falta de inteligencia para descubrir el sentido del signo del pan: Él es el Pastor que alimenta al pueblo, y el Pan de Vida que todos deben comer (Jn 6, 53). 


Ahora bien, en estos versículos, la escena parece en principio un cambio de tema, como si Jesús, los discípulos y el evangelista Marcos, quisieran darle vuelta a la página después de tan acalorado llamado de atención. Pero, el autor, lejos de querer cambiar el tema, enfatiza en él. Marcos quiere recalcar el llamado de atención, ahora con una imagen que sin duda los discípulos jamás van a olvidar: les habla de un ciego al que Jesús sana, como si les dijera: ¡si ustedes están ciegos miren como Jesús los sana de sus ceguera Jesús e a!”: “Se trata de la comprensión plena de la fe, que los discípulos recibirán como un regalo que obtendrán siguiendo al Señor y venciendo las dificultades con su ayuda” (Lentzen-Deis 1998 p. 254)

 

Desde allí tenemos una importante clave de lectura para esta perícopa: Marcos nos está mostrando a un ciego cuyo proceso de curación se parece mucho al camino que han recorrido y habrán de seguir los discípulos de Jesús. Así, podríamos concluir que este relato nos va a ilustrar cómo es el encuentro de un hombre con Jesús y cómo es que este hombre lo llega a descubrir y a reconocer verdaderamente como el Maestro, el Mesías, el Hijo de Dios. 



El ciego es, entonces, imagen o representación de todo aquel que se acerca a Jesús o, como lo veremos más adelante, de quién es llevado a Jesús, para ser sanado.  Solo un discípulo atento podrá comprender el mensaje que Jesús da a través de este gesto.  


A los paganos de Decápolis les faltaba la apertura a la palabra (d.7,31-37). A los discípulos que siguen a Jesús les falta entendimiento (ojos para ver, oídos para escuchar...).Como signo de la necesidad de abrir los ojos, se introduce este relato. El ciego es ahora representante de todos los discípulos (y todos los judíos). (Pikaza p. 108) 


Leyendo atentamente...

 

Llegan: El verbo está en tiempo presente, un tiempo verbal usado frecuentemente por Marcos. (¿una forma de incluir al lector en la escena?) Los que llegan son: Jesús y sus discípulos que arriban en Betsaida después de aquel viaje en donde queda al descubierto la no comprensión de los discípulos de quien es Jesús.


Betsaida:   Betsaida significa casa de la pesca. (Quizás podemos “volar” un poco con el significado de esta palabra y afirmar que Betsaida es un recuerdo del lugar donde Jesús llama. Y si esto fuera posible veríamos desde esta altura la escena narrada por el primer capítulo de Marcos (16-20), el llamado de Jesús a sus primeros discípulos…)


Betsaida se encontraba en la orilla norte del lago de Galilea, a la izquierda de la desembocadura del Jordán. El pueblo fue el lugar de nacimiento de Simón Pedro, Andrés y Felipe (Jn. 1,44; 12,21). Jesús hizo milagros allí; sin embargo, no obtuvo al final la respuesta de la fe en sus habitantes (Mt 11,20-24; Le 10,13-15). (Lentzen-Deis 1998 p. 255) 


Le presentan, no se nos dice quién, solo sabemos que el ciego es traído a Jesús. Imaginen la escena: un grupo de personas, quizá su familia, amigos, conocidos o algunos que lo vieron por ahí, lo llevan ante Jesús. No sabemos si el ciego quería estar allí, no sabemos si sabía lo que iba a pasar, no se nos dice que el ciego quisiera ser sanado, solo se nos cuenta que algunos lo presentan a Jesús y además de ello le suplican, esto es, hablan por él, piden a Jesús algo por él.

Algo muy parecido a esto es lo que sucede con el hombre o la mujer que se encuentran con Jesús; pocas veces Jesús se nos presenta sin que alguien nos haya hablado antes de Él. La mayoría de los encuentros con Jesús dependen de un “Juan Bautista” que nos señala al “cordero de Dios “, de un Andrés (cfr Jn 1, 36-42) o de alguien que ora por nosotros, que nos lleva a un encuentro, retiro etc.


Le suplican que le toque, el verbo, la acción que piden de Jesús es simple pero profunda. Llama la atención que quienes lo presentan no le piden de inmediato que lo sane. Quienes lo llevan ante Jesús le piden que lo toque. Seguramente quienes lo llevan creen en aquella fuerza misteriosa que emana del Jesús taumaturgo y por eso quieren que lo toque. Sin embargo, los invito a pensar en lo que significa tocar: tocar es acercarse, es entrar en el espacio del otro, es untarse del otro, y en definitiva tocar es establecer una relación con el otro. De esta manera lo que piden para el ciego es que Jesús lo tenga en cuenta y se acerque, que se relacione con él.


Tomando el ciego de la mano. Jesús no solo lo toca sino que lo hace caminar con él. Imaginen la escena. Jesús agarra al ciego, lo conduce entre la misma gente que lo ha llevado, sus discípulos no saben nada de lo que pasa y el ciego menos. El ciego mismo va preguntándose: ¿A dónde vamos? Pero Jesús no dice nada. ¡Qué difícil es dejarse llevar por el Jesús del silencio! Por aquel Jesús que conduce al discípulo en medio de incertidumbres y cosas por descubrir pero sin decir mucho de lo que ha de suceder, sin revelar mucho de su identidad y sin dar mayores explicaciones: es una etapa del discipulado simple pero necesaria, en ella el discípulo simplemente camina y Jesús lo lleva fuera del pueblo. ¿Por qué? Quizá por que Jesús necesita probar su docilidad a la mano de Dios. 


Lo llevó fuera de la población:  “Jesús aparta al sordomudo de la multitud, aquí separa al ciego de todas las dependencias de la familia o de otras que pudieran dominarlo, preocupándose con mucha atención de él”


Habiéndole puesto saliva. ¿Entienden ustedes este gesto? Jesús le da algo de sí mismo para sanarlo. Es lo que hace Jesús como maestro. Es un acto de mucha confianza. La saliva es una aplicación física del poder que dimana del cuerpo de Jesús. La saliva es signo de la vida por su relación con la sangre 


“La saliva tenía fuerza para curar y para expulsar al demonio de la enfermedad. En el judaísmo rabínico se la apreció como medio curativo especial contra las enfermedades oculares. Mientras que allí el tacto con saliva se unía a la recitación de frases mágicas, Jesús coloca las manos sobre el enfermo. El conocido rito de la saliva indica al enfermo que recibirá ayuda. Mediante la imposición de las manos, afluye sobre él la fuerza curativa” (Gnilka p. 350)


Le preguntaba: ¿Ves algo? ¿Por qué Jesús pregunta si ve algo? ¿Acaso desconfió de su poder? Se trata del examen del maestro. Jesús constantemente les está preguntando a sus discípulos si están comprendiendo. Sus enseñanzas tienen sentido en la medida en que los discípulos entiendan. Pero no se trata solo de un acto intelectual, como el hecho de saberse la lección la pregunta por el ver va más por la línea de asegurar que lo que está aprendiendo de la persona de Jesús es correcto, es decir, que la imagen de Jesús está quedando clara, o que por lo menos está viendo algo.

 

Veo a los hombres pero… ¿Qué podrá significar la visión borrosa de este hombre aun después de que Jesús lo intentó sanar? El discípulo no siempre reconoce a Jesús, no siempre lo conoce bien, hay momentos en que tenemos visión borrosa.

Le volvió a poner las manos ¿Qué crees que signifique el hecho de que Jesús vuelva a ponerle las manos? ¿Si tú fueras Jesús lo hubieras hecho? ¿Si tú fueras el ciego dejarías que te vuelva a tocar? Pero el maestro se ocupa del discípulo sin miedo, sin vergüenza de los pequeños fracasos. El maestro sabe que los procesos son difíciles y por eso lo vuelve a intentar.


Resulta curioso el cuidado de Jesús que, lleno de paciencia, comienza imponiendo las manos, pregunta, escucha y vuelve a utilizar de nuevo sus poderes curativos, hasta que el ciego puede ver con perfección las cosas. (Pikaza p. 108)


Comenzó a ver perfectamente y quedó curado…  El éxito de la curación se confirma con tres verbos diferentes.  Recobró la vista, quedó curado y veía todo perfectamente ¿Por qué crees que en esta segunda vez el ciego si puede ver claramente? Es el resultado de un proceso… hasta aquí llegan los discípulos es el ideal.


Y le envió a su casa, diciéndole… Jesús ordena al ciego no entrar en el pueblo de nuevo ¿Por qué? (Lee Mc 8, 15)  es decir, no vuelvas a ser el de antes. Antes estabas en el pueblo y yo te saqué de allí. No vuelvas allá. No vuelvas a la multitud. 


El ciego ha sido sanado y en esta escena el discípulo puede reanimar su esperanza de ser sanado de su incapacidad de reconocer a Jesús y de seguirlo con clarividencia a pesar de que su sanación, es decir, la sanación del corazón, la inteligencia y la voluntad del discípulo sea una tarea que precise de más de una imposición de manos, al igual que la del ciego,  


La laboriosa sanación termina con un envío, pero este envío no es un encargo misionero, sino un mandato para ir directamente a casa, o sea, al lugar donde Jesús instruye a sus discípulos, evitando entrar en la aldea (Mc 8, 26) En la escena siguiente, después de la confesión de Pedro, Jesús les increpa para que no hable a nadie acerca de él (Mc 8, 27-30). Su ceguera permanece. (Guijarro, 2015, p. 94)

 

 

Andrés Saldarriaga R. 

EBC Yeshu’a 

Mayo/29/2018

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Bibliografia



Gnilka, J. (1999), El evangelio según san Marcos Mc 1 1 - 8, 26, Ediciones sígueme, salamanca. España.    

Guijarro S (2015) El camino del discípulo. Ediciones Sígueme: Salamanca

Lentzen-Deis F (1998). Comentario al evangelio de Marcos, Modelo de nueva evangelización. Verbo Divino: Navarra España

viernes, 24 de septiembre de 2021

                                          Escuela de la pesca de hombres en tres relatos: 

Mc 1, 21-28; 3, 1-5; 5 1-20

Andrés Saldarriaga Ríos


Resumen: 

El artículo presenta el discipulado del evangelio de Marcos como escuela de formación de pescadores de hombres, partiendo del estudio del significado bíblico de la expresión “pescador de hombres” y el uso del sustantivo “hombre” que hace el evangelio de Marcos en tres relatos específicos como clave semántica para descubrir la identidad de los hombres a los que deben los discípulos pescar. Desde allí se deduce posibles sentidos de la metáfora: sobre ser “pescador de hombres”  


Introducción 

Uno de los propósitos del discipulado está representado en los evangelios sinópticos a través de la metáfora de la “pesca de hombres”. La imagen aparece en Marcos en el relato de la vocación de los dos primeros discípulos a orillas del mar de Galilea, en una narración llena de detalles que están relacionados con el proceso de formación del discípulo en la escuela de Jesús. El evangelista presenta a Jesús, en primer lugar, como un desconocido que llama a Simón y Andrés, quienes lo siguen de inmediato; sugiriendo de esta manera la identidad divina de Jesús, su autoridad y su capacidad de atraer e incluso seducir al seguimiento. En segundo lugar, Marcos señala que Jesús  los invita a seguirlo, anunciando con ello una diferencia sustancial entre los maestros de las escuelas rabínicas y Jesús-maestro quien no se presenta sólo como un maestro de la Torah, sino como el contenido mismo de la enseñanza.  Y luego de la invitación a este seguimiento Jesús ofrece a sus discipulos el proyecto de llegar a ser pescadores de hombres. La metáfora llama la atención por varios motivos, primero porque en ella se sintetiza la vocación-misión de los discípulos y segundo porque a pesar de que los discípulos pudieron comprender que pescar hombres habría de significar algo parecido a captar personas, reunir un pueblo, salvar almas, etc., ellos aún desconocen el significado propio de esta invitación, la identidad de los hombres a los que deben pescar,  los medios y el modo de realizar dicha pesca.  


A lo anterior, hay que añadir que aunque la expresión ἁλεεῖς ἀνθρώπων (pescador de hombres) no se vuelve a mencionar en el resto del relato, existe la posibilidad de expandir el sentido de esta metáfora a todo el relato ya que si el objetivo del discipulado es llegar a ser pescadores de hombres las escenas siguientes al llamado pueden comprenderse como parte de aquel proceso pedagógico que ofrece el Jesús de Marcos a sus discípulos, sin embargo, ¿es posible caracterizar, desde este supuesto, la identidad de los hombres a quienes los discípulos deben aprender a pescar?, ¿existe algún elemento semántico que nos permita suponer esta identidad? y finalmente ¿sería posible entender los gestos que el Jesús de Marcos realiza en presencia de los discípulos como la escuela de la pesca de hombres? 


Desde estas cuestiones, ofrezco en el presente texto un somero recorrido por el evangelio de Marcos que, partiendo del llamado a los discípulos, nos permita señalar las escenas donde el evangelio hace mención exacta de la palabra ἄνθρωπος (hombre) pues creo que estas perícopas podrian considerarse como el esenario donde Jesús quizo enseñar a sus discípulos el arte de ser pescadores de hombres. Pero antes de ello, considero necesario aclarar el sentido y el uso que el evangelio da a esta expresión. 


Pescar y evangelizar

Desde el contexto de la narración de Marcos “pescar hombres” puede entenderse como una forma adaptada a la cosmovisión de los pescadores que Jesús usó para llamarlos   Sin embargo, es importante señalar que ya en el Antiguo Testamento encontramos imágenes relativas a la pesca de hombres en textos como Isaías, Jeremías, Amós, Habacuc y Ezequiel aunque en un sentido  negativo y evidentemente distinto del que Jesús hace de ella. Por tanto, los comentaristas bíblicos prefieren aclarar los sentidos de esta imagen desde la novedad que ofrece Jesús a los términos, señalando la relación entre el llamado y la misión, e interpretándose de cara a la tarea evangelizadora que Jesús encomendó a la iglesia después de su resurrección. Entre las interpretaciones de la metáfora del pescador de hombres destaco las siguientes: 1) una invitación que Jesús les hace a los llamados a un cambio de mentalidad o de estilo de vida. Los llamados solo sabían ser pescadores y esta era su forma de ganarse el pan y Jesús los anima a vivir ya no para sobrevivir sino para hacer que otros vivan la vida que ofrece el reinar de Dios ; 2) una provocación para que los discípulos abran sus fronteras. Para pescar hombres los llamados deberán salir de su pequeña aldea;  3) como una referencia a la función liberadora del mal, propia de la predicación del evangelio ; 4) como referencia a la evangelización universal, es decir, como una invitación a hacer parte de la misión propia de Jesús que es la de salvar al hombre de su situación de miseria para introducirlo en la dinámica del reino de los cielos

De estas afirmaciones queda claro, entonces, que los discípulos son invitados a un cambio de vida que consiste en hacer parte de una escuela de formación donde el centro del aprendizaje es el mismo Jesús y cuyo objetivo es aprender el arte de pescar hombres. Así, con la expresión “los haré llegar a ser” el evangelio sugiere, de alguna manera, que el camino de formación tiene un inicio, unas etapas y un final que será la capacidad de hacer que otros hombres entren en la dinámica del reino. En segundo lugar, los comentaristas resaltan el carácter misionero de la expresión en el sentido de que consiste en transmitir una experiencia de salvación no solo a los de su pueblo sino a todas las naciones. y, finalmente,  los comentaristas están de acuerdo en señalar que Jesús llama a sus discípulos primero a seguirlo y luego a colaborar en su misión salvadora, liberadora y sanadora como señal de la buena noticia del reino de los cielos, por tanto, la dinámica de seguimiento que el evangelio relata estará influenciada en este sentido.   

Desde esas primeras consideraciones ya vislumbramos la lectura que se propone a continuación del evangelio de Marcos como una pedagogía para el discípulo que se convierte en pescador de hombres y para tal objetivo usaremos un canal semántico que servira como medio para descubrir el proceso de formación del discípulo que propone el autor del evangelio de Marcos. Tal medio será la palabra ἄνθρωπος (hombre), por tanto comenzaremos describiendo los posibles significados de la expresión hombre en el evangelio, para después elegir aquellas perícopas en las que el evangelio hace recaer toda la fuerza de la acción salvador de Jesús sobre el hombre, suponiendo de alguna manera que con ello el evangelista quiere hacer notar el tipo de hombre a quien los discípulos deben identificar y tener en cuenta en el ejercicio de la pesca.    


La palabra hombre en Marcos

De las casi 60 veces que el evangelio usa el término relativo a anthropos, 17 se refieren a la persona misma de Jesús: 14 de ellas antecedidas por el sustantivo υἱός (hijo del hombre);  9 veces como una comparación entre lo divino y lo humano o como una forma de contrastar la acción o la intención humana con el querer de Dios, (como cuando se refiere a los mandamientos de los hombres en 7, 7. 8 y 11, o cuando habla del hombre por quien Jesús será entregado en 14, 21 o en el caso del hombre fuerte en 3, 27); también aparece 3 veces en las narraciones parabólicas;  13 veces en un contexto relativo a... (como en 6,44: cinco mil hombres) ó 8, 24 (“veo a los hombres como árboles”); y 5 veces en un contexto de sanación o liberación de espíritus inmundos (como en el caso del hombre con un espíritu inmundo de la sinagoga en 1, 23, el hombre de la mano paralizada en 3, 1. 3. 5 y el endemoniado de Gerasa en 5, 2), en cuyos casos no se menciona el nombre propio de la persona sanada o liberada y más bien se insiste en llamarlos con el sustantivo neutro “un hombre” o el nominativo  “el hombre”. Son, pues, estos tres hombres los que se roban nuestra atención por ser ellos a quienes el evangelista decide llamar no por el nombre o su lugar de procedencia sino con el apelativo generico “ἄνθρωπος”. 

El endemoniado de la sinagoga: Marcos 1, 21- 28

La perícopa es el inicio de una serie de acciones milagrosas de Jesús que los comentaristas llama “un día de Jesús en Cafarnaúm” que se ambienta en diversos escenarios: la sinagoga, la casa de Pedro, la puerta de la ciudad. 

El relato comienza y termina con la exaltación de la doctrina y la enseñanza de Jesús y, en el centro de la narración, está el hombre con un espíritu inmundo que es liberado a través de la autoridad de la palabra del Maestro, como si el evangelista quisiera llamarnos la atención sobre la razón por la cual esta enseñanza es diferente: Jesús es un maestro con autoridad que libera al hombre oprimido, incluso aquel que se encuentra oprimido por una forma equivocada de religión. Más aún, puesto que la narración se ubica justo después del de la vocación de los cuatro primeros discipulos y, por tanto, ser testigos de este acontecimiento los ubica como aprendices de la pesca de hombres en Israel, que, en resumen sería: pronunciar una palabra llena de autoridad que permita la liberación del hombre de fuerzas suprahumanas que lo incapacitan para asimilar la acción de Dios.

El maestro comienza su pedagogía de la pesca de hombres en un contexto religioso quizá por el hecho de que es allí donde el reinar de Dios que Él anuncia, necesita obrar con mayor fuerza y autoridad. El endemoniado no habla en voz singular sino plural, quizá porque la doctrina que Jesús enseña atormenta sobremanera las estructuras preestablecidas de los letrados y fariseos y son estos quienes deberán ser invitados a un cambio de estilo de vida. Así, el hombre de la sinagoga se presenta como el primer modelo de “hombre pescado”, es decir, salvado, liberado por el Jesús-maestro de Marcos y su liberación tiene que ver sobre todo con cambio de manera de pensar (metanoia) sobre la religión y sobre Dios. Los discípulos desde allí han de comprender que su tarea evangelizadora es, como la misma palabra lo expresa, radicalmente nueva


El hombre de la mano paralizada: 3, 1-6

Luego de la escena en la sinagoga, el relato continúa narrando la acción salvadora de Jesús en la vida familiar 1, 29-31 y la vida pública 1, 32-34, y su objetivo: la salvación de los excluidos 1, 40-45, los enfermos 2, 1-12 y los pecadores públicos 2, 13-17. Pero a pesar de que en las perícopas mencionadas muchos hombres son los beneficiarios y sin duda hacen parte de la enseñanza del maestro a los discípulos sobre el sentido de su llamado, solo hasta el capítulo 3, 1-6 Marcos vuelve a mencionar el término anthropos, esta vez para referirse a un hombre que tenía la mano paralizada. El contexto es parecido al del endemoniado: está en la sinagoga y es sábado. El evangelista llama la atención sobre los fariseos que querían ver si curaba en sábado para tener de qué acusarle, por tanto, la escena está ambientada en una atmósfera más bien tensa para Jesús. El hombre es presentado como un incapaz, su mano está paralizada, con todo lo que ello puede significar: no puede trabajar, no puede tocar, está limitado e incapacitado. Ahora bien, el signo más representativo de la escena tiene que ver, en esta ocasión, con la forma en cómo Jesús realiza la acción sanadora: le dice al hombre, "levántate ahí en medio”. Jesús lo pone en el centro de la sinagoga, o sea, en el centro del culto, como queriendo decir que solo poniendo al hombre en el centro podremos poner a Dios en el centro. Así el relato da un paso más en la novedad que trae el evangelio y los discípulos tendrán que saberlo y guardarlo bien en su corazón: si bien la religión es importante, es necesario que ésta se ponga al servicio del hombre, como también el sábado (ver. 2, 27). Los pescadores galileos están atentos a este signo porque hasta entonces también ellos han vivido una religión amañada y acomodada y aprenden que los medios de la pesca no solo son el poder sanador y liberador de Jesús sino su capacidad de dignificar al hombre, como se refuerza en la siguiente perícopa. 


El endemoniado de Gerasa: Marcos 5, 1-20

El tercer y ultimo uso nominativo de la expresion ἄνθρωπος aparece en la escena del endemoniado de Gerasa. También es un hombre, pero viviendo en una condición inhumana. El relato es estremecedor y desconcertante: el mal se ha apoderado de él de manera encarnizada. Jesús lo libera y el fruto de esa liberación se resumen en tres consecuencias que, a la larga, podríamos llamar los frutos de la evangelización: Marcos dice que luego de la liberación el hombre estaba sentado, vestido y en su sano juicio. 

Los discípulos tienen en la liberación de geraseno un ejemplo claro de evangelizar: pescar hombres consiste en devolverles la dignidad como personas. El endemoniado de Gerasa es el símbolo de una evangelización humanizadora que tiene como culminación el envío del hombre nuevo a anunciar su restauración , el endemoniado se convierte en predicador: ¿pescador de hombres?.  


Consideración final

Así pues, los discípulos desde estas perícopas han aprendido que la evangelización, la pesca de hombres, comienza por renovar la imagen de Dios. La autoridad de Jesús que no solo se evidencia en su enseñanza de palabras sino en sus obras liberadoras transmite a los discípulos la certeza de que la pesca de hombres no solo se hace con discursos y argumentos intelectuales sino con obras visibles que evidencien la acción liberadora de la experiencia religiosa. Además, los pescadores que ahora siguen a Jesús, a partir de la escena del hombre de la mano sin vida, pudieron constatar que pescar hombres es estar del lado de la vida, lo cual puede significar ponerse por encima de los preceptos temporales que incapacitan para hacer lo bueno. Entienden que el hombre al que deben pescar es ese que está en medio, el que ha sido excluido, quien ha perdido su fuerza y a quienes utilizan las autoridades fariseas para acusar al maestro. Y finalmente, los pescadores de hombres reciben de Jesús y del endemoniado de Gerasa la más hermosa de las formaciones sobre el sentido final de la pesca de hombres: hacer que los hombres vivan de acuerdo con su dignidad de hijos de Dios. La difícil labor de la pesca de hombres consiste, entonces, en sacar la humanidad del mal que representa el pecado y sus estructuras (incluyendo las religiosas) para que puedan vivir como verdaderos hijos de Dios, proclamando también ellos a los suyos que “Dios ha tenido compasión”.  

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